Antes que se me olvide

por | Sep 26, 2022

Pensando, pensando y pensando, he comenzado a recordar cosas; por ejemplo, recuerdo una época de estantes vacíos en los comercios, de largas colas para adquirir todo tipo de víveres, de personas comprando un solo rubro en cantidades fuera de lógica, la falta de efectivo, las fallas frecuentes en los puntos de pago y transferencias bancarias, el aumento de precios de un mismo producto con tan solo horas de diferencia, la diferencias en el valor de una compra dependiendo de la forma de pago; casi que olvido a esa plaga que inundaba calles, plazas y avenidas: los bachaqueros y todo lo que implicaba que la gente se viera obligada a adquirir sus comprar con ellos, porque no había otra alternativa; también, no habían productos en los anaqueles de los grandes abastos, pero si en las redes sociales.
Y el bachaqueo no solo era de alimentos y productos del hogar; por ejemplo, trabajé un tiempo para una agencia de viajes y me resultaba curioso ver que los boletos de avión vendidos en Venezuela eran mucho más caros que en otros países, porque había agencias de viajes grandes que compraban todos los boletos disponibles y los revendía en la mayoría de los casos como vuelos charters; los vuelos regulares siempre estaban agotados cuando uno trataba de adquirirlos por las webs oficiales de cada aerolínea. Esto es solo un caso, pero seguramente había bachaqueros en otras áreas, como en la adquisición del plástico de las tarjetas de débito, pasaportes o cédulas.
Recuerdo una enfermedad social: el contrabando de extracción del dinero en efectivo, es que había venezolanos que despreciaban el cono monetario nacional (por la devaluación, la pérdida del poder adquisitivo, el desprestigio y bla, bla, bla) y los vendía en el extranjero; yo siempre pensé: “¿por qué los de afuera quieren nuestros bolívares si no vale nada?”; ciertamente esta enfermedad social había contagiado a mucha gente y a nadie le extrañaba ver del otro lado de la frontera mesas llenas de bolívares en venta (hasta salieron noticias del hallazgo de conteiners llenos de dinero venezolano en países lejanos). La escasez de efectivo también derivó en la aparición de vendedores del mismo con un porcentaje de interés; es decir, si uno necesitaba bolívares en físico, podías comprarlo cómodamente y en la cantidad que quisiera, pagando por transferencia el monto deseado más un N%.
Otra enfermedad social es el desmantelamiento de la infraestructura de CANTV, porque resulta que Venezuela es una mina de cobre en forma de cables de voz y datos; por cierto, nadie habla de esto, pero existe el comercio de componentes electrónicos que chatarreros amables y conscientes nos los compran para sacarlos del país, con la intención de que no tengamos que andar viviendo rodeados de esa basura tecnológica, ¡qué gente tan buena!

[Suspiro]

¡Qué recuerdos aquellos! Las marcas populares con años de tradición en el país nos traicionaron; pasaron de ser la opción barata, para transformarse en artículos de lujo; el jamón endiabladono es ya el relleno de emergencia de tu arepa de harina de maíz (de esa marca que no quiero nombrar), el popular Diablito ha llegado a convertirse en caviar; el Cocosette es como un Toblerone, el Toronto un Ferrero Rocher; cocinar con Maceite es como freír con un aceite de oliva extra virgen; los detergentes, los champús, las cremas dentales “de marca”… todas nos traicionaron; dando como resultado que por un tiempo nos sintiéramos como quieres sobreviven a una catástrofe: caminando sin rumbo fijo, con la mirada dirigida hacia la nada, sin tener fuerza para llorar o gritar.

Recuerdo clarito esa impotencia, esa indignación, esa frustración, ese sentimiento descorazonador.

Pero…

…pensando, pensando y pensando hay cosas más recientes que no recuerdo. Por ejemplo, ¿cuándo comenzaron a llenarse los estantes de las tiendas? ¿Cómo mejoró el funcionamiento de los puntos de pago? ¿Cómo se convirtió en costumbre hacer un pago móvil? ¿Por qué ahora que pago por el punto, no es más caro que hacerlo en efectivo? ¡Efectivo! ¡¿Cuándo dejó de ser escaso el efectivo?! ¿Cómo aprendí a usar un jabón de panela que no fuera Las Llaves? Desde que como Saltitas se me olvidó a qué saben las Galletas de Soda Puig. Cada vez que voy a la panadería ¡hay pan! Llevo días viendo un perol que quiero comprar por MercadoLibre, ¿qué pasa que no ha aumentado? Bueno, sí, en estos días aumentó, pero duró mucho tiempo con el mismo precio.

En la ciudad donde vivo hay un Makro, pero ya no es necesario ir a Makro, había un Central Madeirense, ya no existe, pero nadie lo extraña porque hay otros supermercados. Hay Mac Donald, Burger King, Subway  (bueno, creo que este último ya no está), pero hay muchos lugares donde se come más sabroso y más barato. ¿Cuándo dejé de preocuparme porque esas marcas “corren el riesgo de irse, de desaparecer”? No lo recuerdo… si recuerdo lo desagradable que fue todo al principio, pero no sé cuándo ni cómo dejó de afectarme.

Vicios y enfermedades sociales aún existentes

El comerciante nunca pierde, esta afirmación no necesita mucha explicación. Así que, en la situación actual, ya no es necesario (nunca lo ha sido en verdad) excusar al “pobre comerciante que no va a producir a pérdida, a mundo”, que debe pagar a sus empleados, que cómo va hacer para reponer la mercancía; las víctimas somos nosotros los compradores, porque los comerciantes con sus prácticas abusivas han logrado que hasta nos lamentemos cada vez que el gobierno aumenta el sueldo mínimo; así de enfermos estamos, justificando el aumento de los precios por culpa del aumento del sueldo o del dólar; ¡qué desgracia!

Los comerciantes (en la mayoría de los casos) alimentan sus vicios, llamados avidez y codicia, haciéndose los ignorantes de los conceptos de economía y comercio, jugando sucio, imponiendo las referencias del valor del dólar paralelo, buscando cualquier excusa (desde el conflicto en Ucrania hasta la calima) y nosotros prácticamente legalizando a esas páginas y prácticas que actúan sin un rigor matemático o de finanzas; cada vez que el valor del dólar paralelo aumenta sin razón, es como si nos dieran un trancazo en la nariz y no fuéramos capaces de apartar la cara o pararnos a pensar, permitiendo que nos traten como tontos que apenas saben sumar y restar; esa actitud del usuario es una enfermedad, similar a la del cónyuge maltratado, que piensa que se merece la violencia con que le trata que el cónyuge maltratador.

Espero que en este sentido se de una transición que, sin darnos cuenta, nos haga olvidar y dejar atrás estás enfermedades y vicios.

No olvidemos al Petro

¿Eres un comerciante consciente e inteligente? Puedes comenzar a recibir petros en tu negocio, sin necesidad de cobrar más caro, acumularlos por un tiempo, intercambiarlos por bolívares o alguna criptomoneda, o comerciar con petros. Si no lo has hecho, crea tu cartera en PetroApp y da a conocer tu negocio registrándolo en PetroMap.

Te puede interesar

Renta turística

Hipótesis El turismo puede generarle al país ingresos iguales o mayores a la renta petrolera... y mejor distribuidos....

Leer más

BREVES | Recarga telefónica con petros

Desde PetroApp ahora se pueden realizar recargas de saldo telefónico a Movilnet, Digitel y Movistar usando petros. Prueba realizada con éxito en el primer intento de recarga. A paso lento pero agigantado.

Leer más

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Únete a PetroMap

Visítanos en www.petromap.org

Canal Telegram CanalPetroMap

¿Quiénes somos?

Directorio de emprendimientos apoyando el ecosistema para el Petro en Venezuela